Debilitamiento

martes, 26 de marzo de 2013

Hoy vengo con esta novela (o relato muy extenso, más bien) fresquita. He terminado de leerla hace un par de horas y, aunque supongo que debería tomarme un tiempo antes de comentarla, mucho me temo que si no lo hago ahora que tengo algo de tiempo, no lo haré nunca.

Debilitamiento (Anagrama, 2002), de Andrés Barba, es uno de los relatos que componen La recta intención (también en Anagrama). En él, Barba narra el proceso de autodestrucción de una joven, Sara, a la que conocemos en un momento en el que el mundo que la rodea y su propio cuerpo empiezan a provocarle repulsión y a la que vamos acompañando en un camino que la conducirá a la anorexia y al desprecio de todo ser viviente.

El hilo conductor del relato es Sara y su forma de sentir y ver el mundo. Eso hace que en ocasiones el ritmo narrativo pueda resultar lento, denso, pero también hay que decir que no pierde tensión. De hecho, han sido estos momentos en los que Barba se recrea en la percepción del mundo que tiene Sara los que más me han gustado: el alejamiento, la extrañeza, el autocontrol desmedido, la soledad, el aislamiento, la creación de un mundo propio donde nada, salvo ella misma, le puede hacer daño.

En la descripción de esa penitencia que se impone la joven, el autor alcanza una calidad en su prosa que roza lo lírico en muchas ocasiones (y para mí, ese es el mayor elogio que le puedo otorgar a una obra escrita en prosa). Es un libro muy bien escrito, con mucho gusto y que no cae en los tópicos propios un tema tan delicado como es la anorexia, lo cual es un mérito añadido.

Ya comenté en el blog otra obra del autor y de nuevo afirmo que no será lo último que lea de él (D.m.).

Os dejo un fragmento:

“Te odio"
No fue el silencio ni la tensión de la escena anterior lo que hizo que aquellas palabras se desplomaran sobre la mesa. Si las hubiese dicho demasiado alto, si las hubiese gritado, habría parecido un estallido infantil, pero dichas así, en aquel tono informativo y simple, adquirieron una contundencia bestial, como si el odio, atravesando la barrera del apasionamiento, se hubiera instalado en su territorio más cruel, el de la absoluta indiferencia.