Diez años

lunes, 15 de julio de 2013

De mi afición a Roberto Bolaño creo que ya he dado buena cuenta en este blog. Pienso que es uno de los Grandes de la Literatura contemporánea en nuestro idioma y ya sabéis que forma parte de mi selecto y adorado Club de las Bes (junto a Borges, Bécquer y Benítez Reyes). Hoy hace diez años que murió y, bueno, sólo quería dejar un poema suyo aquí como un pequeño homenaje y como recuerdo a un hombre que vivió para escribir. Desde aquí le agradezco su afán, su lucha y su tesón, que tantas y tan buenas (con lo díficil que es que se unan estos dos elementos, cantidad y calidad) páginas nos ha dejado. 

Descanse en paz.


Los perros románticos

En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar, ni rezar
ni estudiar en la madrugada junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.