La propiedad del paraíso

lunes, 17 de mayo de 2010

El sargento Arruza (personaje que aparecerá luego en Tratándose de ustedes) llegó a mí como protagonista de un texto que me dieron para que analizase durante mi etapa de preparación para las oposiciones. No le presté la más mínima atención al sargento, pero me quedé con las "suripantas" y el "tunanterío".
Por una de estas cosas que tiene la vida, un compañero de trabajo y, a pesar de ello, amigo, me habló años después, de Felipe Benítez Reyes, de quien yo no había leído nada (o eso creía). Me prestó Tratándose de ustedes y luego este, La propiedad del paraíso. Fue el libro que me acompañó durante mis vacaciones de verano en Grecia (la foto es de entonces). Y teniendo en cuenta las circunstancias del viaje, me hizo más compañía que la persona con la que iba. Un par de meses más tarde me lo compré. Hace dos días, lo cogí para hacer esta entrada. En principio, pensaba echarle un vistazo, lo justo para refrescar la memoria, pero he acabado releyéndolo y señalando las partes que más me gustan. Ya lo he prestado a unos cuantos amigos, así que por fin me he sentido libre para pintarrajearlo y hacerlo definitivamente mío.

Lo que me gusta de La propiedad del paraíso es, aparte de su prosa, la sensación de decadencia que transmite todo el libro. Una obra breve que recoge los últimos coletazos de la infancia: el Duende, el misterioso mundo de los adultos, los terrores nocturnos, los gusanos de seda, los cines, las chicas, los últimos juegos, los primeros besos, la muerte. Aunque no esté de acuerdo con el autor en idealizar la infancia como una época de felicidad pasada, como un paraíso perdido, es un libro muy bien escrito, a modo de collage en el que, en capítulos muy cortos, se condensan, con toda la intensidad lírica que Benítez Reyes es capaz de crear en su prosa, las grandes vivencias de una edad en la que no se sabe muy bien si te tienes que poner el pantalón corto o el largo, si puedes seguir jugando a los superhéroes sin que una punzada de sentido del ridículo (propio o ajeno) te arruine la diversión, si puedes acercarte a darle un beso a una chica sin que se ría en tu cara porque todavía te ve como a un niño.

Como siempre, dejo por aquí un fragmento:


Las muchachas de los labios pintados de rojo


"Tenían para mí la indefinición de un espejismo. Pasaban siempre con la desesperante fugacidad de lo inalcanzable y lo soñado, como un trampantojo o como una brumosa escena de la duermevela. Apenas podía recordar yo luego sus cinturas, sus melenas, sus pendientes de argolla o sus collares, que sonaban como un revoltijo de cascabeles: una ajuar de diosas de barriada.

Eran las que, según contaban los chavales mayores, iban con ellos al cine o a los cañaverales de la estación a cambio de pulseras de latón o de cromos de artistas. [...]

Una vez, parado yo con mi madre ante el esacaparate de una mercería, oí a un gitanillo decirle a una de aquellas muchachas: "Vámonos a la estación". Y sentí por dentro un rencor oscuro. Como si alguien hubiese roto una bolsa de sombra líquida dentro de mí. Imaginé aquellos labios rojos en la oscuridad, y la falda arrugada y manchada de barro. Y el calor de la piel. [...] Se fueron. Yo seguí oyendo el eco de aquella frase: "Vámonos a la estación". Aquella frase contenía toda la oscuridad del deseo [...].

Al cabo de unos años, unas sombras decepcionadas salen de la penumbra urgente de un cine o de unos cañaverales de una estación fuera de servicio. Unas sombras que no tienen nada que decirse salen de un apartamento prestado o de un hotel no demasiado céntrico. Y una de esas sombras tiene mi rostro."

Título: La propiedad del paraíso.
Autor: Felipe Benítez Reyes.
Editorial: Tusquets.
Colección: Andanzas.
Páginas: 130.
Precio: no me acuerdo.
ISBN: 84-8310-179-9
Encontrado en: Librerías Beta.

2 comentarios:

Angelus dijo...

FBR se está convirtiendo en la estrella de este blog, tres entradas, ¿no? El fragmento que cuelgas es interesante. "Algún día, cuando pueda llevar entre mis manos un libro de FBR..." Saludos.

Suntzu dijo...

Pues sí, Angelus. Es lo que tengo, que cuando me gusta algo soy que tela de "repetía". En cuanto a llevar entre tus manos un libro de FBR, ya sabes que no tienes más que pedirlo. Te lo cambio por uno de David Torres.
Saludos.